![]() |
|
||||||||||||||
Teatro
| Grandes figuras de la literatura como García Márquez y Vargas Llosa han dedicado sus mejores obras al tema de los dictadores que fueron protagonistas perversos de la historia latinoamericana del siglo pasado, y cuyas secuelas, cargadas de impunidad y cinismo, aún las viven no solo sus víctimas sino las débiles democracias que no pueden consolidarse olvidando el pasado y perdonando a los genocidas. Ahora es el teatro el que comienza a incursionar en este tema inconcluso. Y el encargado de hacerlo es el escritor y director de teatro uruguayo, Walter Acosta, quien acaba de ganar el Premio Casa de las Américas de la Habana por su obra "El Escorpión y la Comadreja", cuyos personajes centrales son el ex dictador chileno Augusto Pinochet y la ex primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Tatcher. |
![]() |
Walter Acosta tiene una larga trayectoria como actor, director y escritor de obras teatrales. Nació en 1935 en la pequeña ciudad de Las Piedras, Uruguay, y siendo estudiante del liceo ya descubrió su vocación por las artes escénicas. Fue actor de la Escuela de Arte Escénico el Galpón, de larga tradición en la República Oriental, posteriormente fundó el Teatro de los Comediantes en su ciudad natal hasta que un contrato de trabajo con la BBC de Londres le permitió cruzar "charco" en 1967, y le abrió las puertas no solo para hacer radio-teatro sino para trabajar como director independiente con los mejores actores de Gran Bretaña. Circunstancias de la vida le llevaron a radicarse en Ginebra en 1992 en donde continuó y continúa- haciendo lo que mejor sabe hacer: el teatro. Ha dirigido 9 obras y ha escrito 6 piezas de teatro, sin que eso le impida actuar en diversos escenarios.
Fragmentos de su última obra fueron leídos y
representados, en una velada llevada a cabo el 22 de marzo en
el Club Suizo de la Prensa en Ginebra, por actores profesionales
de habla inglesa, francesa y española que dejaron ver la
profundidad y la riqueza de la obra. El mensaje central de este
primer encuentro con el público, fue que en "El Escorpión
y la Comadreja", más allá de representar la
tragi-comedia de los personajes que inspiran la obra, Pinochet
y la Dama de Hierro, hay una reflexión universal sobre
la dictadura y los dictadores, sobre su sicología y la
complicidad que existe entre "un dictador" y alguien
que
siempre operó dentro del "marco democrático".
A continuación el diálogo que mantuvimos con Walter
Acosta.
P. Cómo actor, como director de teatro ¿porque escogiste a Pinochet para escribir una obra de teatro?
R. Esta obra la escogí inspirándome en ese episodio de ese general en Londres, primero porque el tema participa de mi ideología política, y segundo porque descubrí que la historia de este señor tenía una teatralidad extraordinaria, se lo arresta en plena cama del hospital, allá por octubre de 1998, y él, creyéndose amparado en la inmunidad que tenía; a pesar de todo eso, el Gobierno británico decide seguir adelante con un pedido de extradición de varios países para que este señor rindiera cuenta de los supuestos crímenes que ocurrieron en su régimen dictatorial.
La teatralidad excepcional se da en todo el proceso que duró 503 días, tenemos, por ejemplo, la teatralidad casi de parodia de las reuniones, de las visitas que hacía la así llamada "Dama de hierro" en su arresto domiciliario para tomar té y seguramente para hablar de temas donde surgía, con evidencia extraordinaria, la complicidad ideológica que hay entre estos dos personajes que son los protagonistas de mi obra; la teatralidad, en fin, del retorno a su país el 2 y 3 de marzo del año 2000, en medio de un dispositivo de seguridad absolutamente excepcional, casi desconocido en Inglaterra, que además tuvo la relevancia de ser transmitido al mundo entero; es decir ya la saga judicial de este caso se había transformado verdaderamente en un episodio novelesco digno de los mejores "culebrones", como dice la gente en el norte de América del Sur.
P. Los dos personajes escogidos son claves en los últimos 20 años, Pinochet y Margaret Tatcher simbolizan el triunfo de la economía y la ideología neoliberal. ¿Qué representan estos personajes en el mundo actual? ¿Una tragedia, una comedia?
Representan esto y mucho más, por un lado tenemos que
uno opera en un régimen de facto, autoritario, auto-elegido,
porque al señor no lo eligió nadie, y por el otro
tenemos a esta dama, que fue elegida y operó dentro de
un sistema democrático parlamentario, pero que comulga
con los mismos métodos autoritarios del ex dictador. La
tragedia está en las consecuencias que estos dos tipos
de gobernantes causaron en el cuerpo social de sus respectivos
países, y más allá de sus respectivos países,
porque como sabemos, las consecuencias del régimen del
ex general latinoamericano se extendieron hacia todo el Cono Sur
y llegaron a Estados Unidos donde se cometieron crímenes
por encargo de ese régimen dictatorial. Y del lado de Gran
Bretaña, las consecuencias también se hicieron sentir
a todo nivel en la sociedad británica: el desmantelamiento
de los servicios de salud, de los sindicatos, la liquidación
de la industria minera, eso causó un desmoronamiento del
estándar de vida de la población británica
que aún hoy se sigue sufriendo, provocando, además,
una barrera ideológica entre el norte y
el sur de Gran Bretaña, entre los adinerados y los pobres,
creando una pobreza extraordinaria.
Es también una parodia y una tragedia al mismo tiempo porque si bien se desarticula el poder dictatorial, como por suerte está ocurriendo, casi siempre los dictadores siguen aferrados a su ideología, siguen creyendo que son inocentes, siguen acusando a la otra mitad de la verdad, y eso me parece a mí sumamente trágico. Yo no recuerdo un solo caso de ningún dictador que haya pedido perdón, y me parece muy sintomático y casi un símbolo de la ceguera, y de la demencia política que yo siempre hablo en mi obra, de la demencia de la persona que ni siquiera, cuando ya se ve privada del poder político absoluto que tuvo, llega a tomar conciencia de la enormidad de los crímenes que se causaron y provocaron durante su régimen.
P. Hemos visto a la gente que ha escuchado algunos fragmentos de tu obra, indignarse, o, a veces, reír. ¿Qué efectos quieres transmitir al público, ¿para qué puede servir esta obra teatral?
R. Los momentos de risa y los momentos de gran seriedad forman parte de una voluntad de estilo por parte mía como autor. Yo creo que es necesario también reírse un poco de todo esto, reírse para demonizar, como decimos en el lenguaje contemporáneo, los efectos perversos y malsanos de estos personajes que tanto daño han causado a la sociedad. Pero yo quisiera que esa risa se interpretara como una risa crítica, no la risa superficial de la situación falsesca de lo que estoy describiendo sino lo que está detrás, lo que se ve detrás, porque estos gobernantes son casi siempre (recordemos por ejemplo la riqueza gestual de Mussolini y de Hitler) absolutamente increíbles desde el punto de vista de la actuación, son histriones, los demagogos son grandes actores.
P. ¿Pinochet es un actor?
R. Yo creo que no, pero en todo caso el registro de su voz tiene un cierto valor de amenaza latente, si uno ve los extractos del momento en que la Junta militar chilena toma el poder, las declaraciones que hicieron los integrantes de la Junta, ahí uno aprecia el estilo desmesurado de la oratoria, de la demagogia. La otra cosa es que esta obra es una alegoría, y no quiero que sea entendida en un cien por cien como una obra sobre Pinochet y Margaret Tatcher. Yo quisiera que la reflexión se transforme en una reflexión mucho más amplia, universal, sobre la dictadura, sobre los dictadores, sobre la sicología de los dictadores, sobre la complicidad que existe entre "un dictador" y alguien que siempre operó dentro del marco democrático.
P. Los gestos de los dictadores -el puño cerrado, el golpe sobre la mesa- casi siempre son los mismos y los ejecutan solo cuando tienen puesto el uniforme, no los hacen cuando están vestidos de civil
R. Es posible que hay una metamorfosis en el momento en que se colocan ese uniforme, que en definitiva, es el símbolo visual de su poder. Esto me lleva a hacer una reflexión que está presente en mi obra. Estamos de acuerdo que el dictador tiene un poder absoluto, pero yo siempre me he preguntado ¿cómo es posible que las dictaduras se perpetúen? Y las dictaduras se perpetúan porque hay un carisma especial en el dictador mismo, ese carisma ejerce una fascinación malsana, pero una fascinación que no se puede ignorar y que permite a muchos miembros normales, padres de familia, buena gente, señores que van caminando por la calle muy educadamente, que comulgan los domingos en la iglesia, y que atraídos por esta fascinación descubren una especie de fascinación secreta de complicidad con todo lo que significa la ideología de la dictadura, y terminan siendo los lacayos, los torturadores, esos son los que permiten que las dictaduras echen raíces en lo más profundo de la sociedad, y por eso cuesta tanto, y tanta sangre, acabar con ellas.
P. Hay dos imágenes sobre el dictador: Pinochet con las gafas es un personaje siniestro, pero Pinochet con sus nietos es un abuelo bonachón. ¿Cómo está reflejado esto en tu obra?
Esta dualidad de comportamiento está perfectamente reflejada en mi obra y es lo mismo con Hitler, Idi Amín, con Somoza. Porque si de pronto tomamos nada más que el aspecto humano de este buen señor, de este viejito que está con sus nietos y que recibe de regalo, en su cumpleaños, lejos del país, un osito que alguien le mandó de la tierra lejana, yo comprendo que sea difícil imaginarlo en las situaciones de poder, de desprecio absoluto. Y no olvidemos que estamos hablando de una persona que dijo en forma textual: "cuando yo ejercía el poder, mi poder era absoluto y ni las hojas de los árboles se movían sin mi permiso". Imagínense que extraordinaria y al mismo tiempo feroz y espantosa esta frase, por todo lo que significa la dimensión de ese poder absoluto.
P. Este aspecto "humano" de los dictadores se rompe en tu obra cuando tu les haces hablar a las víctimas
Para mí es una parte esencial de la obra porque subraya
precisamente las consecuencias trágicas de las dictaduras
sobre todas las capas de la
sociedad, porque esos fantasmas que vienen durante el sueño
del dictador a relatar sus torturas son un estudiante; una simple
mujer, que era
esposa de un sindicalista que había sido torturado; un
señor que conoce muy bien a la dictadura por experiencia
propia como profesor, o sea que estoy pintando ahí diferentes
experiencias de sufrimiento en distintas capas de la sociedad.
P. Para finalizar, ¿cuál es el futuro de tu obra? ¿Cuál es tu aspiración?
R. El futuro de mi obra tiene que ser la puesta en escena, el futuro de mi obra no radica en la publicación del texto que va a hacer Casa de las Américas como parte del premio que recibí, el futuro radica en mostrarla tanto como sea posible y en tantos lugares sea posible. El teatro no cambia al mundo, pero el teatro contribuye a una reflexión, a concientizar a la gente en tal o cual dirección, remueve, en todo caso, los esquemas que uno puede tener sobre estas cosas.
Yolanda de Rojal y Eduardo Tamayo