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Compensaciones en el centro del debate

 Ginebra.- ¿Se debe establecer compensaciones para las víctimas del racismo? Varios gobiernos y organizaciones de la sociedad civil de América Latina, Asia y Africa piensa que sí, que es un elemental sentido de justicia por el daño causado en el pasado y en el presente a las víctimas de la esclavitud, el colonialismo, la limpieza étnica y otras formas de discriminación racial. Los países Occidentales más poderosos, que son los que deberían sufragar las compensaciones, no se sienten muy entusiasmados con la idea pues eso significaría aceptar su responsabilidad histórica en uno de los más tenebrosos capítulos de la historia de la humanidad en el se exterminó a millones de seres humanos de Africa, América y Asia.

 El asunto de las compensaciones es un punto crítico que divide al Norte y al Sur en el marco de las reuniones preparatorias de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las formas conexas de Intolerancia a realizarse en Sudáfrica, del 31 de agosto al 9 de septiembre de este año.

Durante la reunión regional preparatoria de la Conferencia de Asia, llevada a cabo en Teherán el pasado mes de febrero, 50 gobiernos asiáticos expresaron que los estados que han ejercido políticas y prácticas basadas en la superioridad racial, nacional, el colonialismo y otras formas de dominación u ocupación extranjera, esclavismo, tráfico de esclavos y limpieza étnica, deberían compensar a las víctimas de tales políticas y prácticas.

"El comercio de esclavos y las políticas administrativas del colonialismo, junto con la delimitación arbitraria de fronteras y la aplicación de políticas económicas en condiciones de explotación siguen teniendo efectos negativos en el desarrollo económico y social de Africa y constituyen el caldo de cultivo de conflictos étnicos y raciales", aseguró, por su lado, el seminario de expertos sobre la prevención de conflictos étnicos y raciales en Africa, llevado a cabo en Adis Abeba, Etiopía, en octubre de 2000.

Europa no desea verse señalada y acusada en forma específica por la opinión internacional y por eso admite solo genéricamente que "todos los estados deben reconocer los sufrimientos inflingidos por el esclavismo y el colonialismo", como se manifestó en la Conferencia europea contra el racismo de Estrasburgo, Francia, en octubre de 2000.

Sobre este tema el Grupo Latinoamericano y del Caribe, GRULAC, se ha mostrado conciliador, y ha solicitado que "los Estados que practicaron
y se beneficiaron con la trata de esclavos transatlántica y con el sistema de esclavitud e africanos inicien un diálogo constructivo con los afrodescendientes dirigido a identificar y aplicar medidas de satisfacción de tipo ético y moral y otra que pudieran ser convenidas". ¿Están dispuestos los países occidentales desarrollados a establecer ese diálogo constructivo? ¿Cómo piensan compensar a las víctimas de sus políticas coloniales si en el presente les niegan la entrada a sus territorios con políticas migratorias discriminatorias, imponen relaciones de intercambio injustas y se niegan a dialogar sobre la cancelación de la deuda externa que ya ha sido pagada con creces?

Recordemos que durante el tráfico de esclavos, 100 millones de africanos fueron arrancados por la fuerza de sus tierras y 20 millones fueron arrojados al mar. Si los africanos y sus descedientes expandidos por todo el mundo se niegan a olvidar la historia, tampoco lo quieren hacer los pueblos indígenas. Varios estudios demográficos establecen que al momento del mal llamado descubrimiento de América, en 1492, la población originaria se situaba entre los 90 y los 110 millones de habitantes. Sesenta años más tarde, es decir en 1550, esta población escasamente superaba los 10 millones. "De esta magnitud fue la cristianísima acción civilizadora que sucedió al descubrimiento. El aniquilamiento casi total del indígena, no solo se debió a la inaudita ferocidad que se dio al saqueo de metales preciosos o las rigurosas formas que adquirió la esclavización del trabajo. La viruela, el sarampión, la sífilis, fueron también parte del legado civilizador", escribió en 1990 N. Tirado R. en la revista colombiana Opción, ya desaparecida.

"Europa tiene mucho que compensar a los pueblos indígenas de América", dice Gabriel Muyuy, ex senador indígena colombiano, representante de Iniciativa Indígena por la Paz.

Estados Unidos tampoco está libre de culpa, ¿las agresiones a Vietnam, las intervenciones militares en varios países latinoamericanos, el apoyo a dictaduras genocidas, los bombardeos a Irak y el apoyo a la política colonial de Israel no son acaso actos basados en ideas racistas de superioridad?

"Hoy mismo, el fomento de mega-proyectos en territorios indígenas sin previa consulta, que se implementan de manera agresiva, violando los derechos garantizados tanto en los países como en instrumentos internacionales, significan racismo", señala Gabriel Muyuy. Y también es racismo lo que la transnacional norteamericana TEXACO hizo en la amazonía ecuatoriana, en donde se llevó el petróleo y dejó contaminación y enfermedades a las poblaciones nativas, las pruebas militares con uranio empobrecido a la isla portorriqueña de Vieques y las fumigaciones de las plantaciones de coca en Colombia que acaban con la selva, contaminan el agua y obligan a los pequeños campesinos e indígenas a buscar refugios en otros países.

El tema de las compensaciones es una dura "batalla" diplomática que se desarrollará en los meses previos a la Conferencia contra el racismo. Sus resultados son inciertos. Si al menos este debate lograra atormentar a los descendientes de los esclavistas, algo habrán logrado los descendientes de los esclavos, aunque con seguridad estos últimos no quedarán satisfechos.

Eduardo Tamayo G.