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Independientemente de las razones por las cuales los
votantes del ECOSOC le negaron la membresía a Estados
Unidos, la realidad que se les avecina puede ser la de un monstruo
de dos cabezas. Una: desde su puesto de Estado observador -con
voz y derecho de réplica, pero sin voto- puede volverse
un enemigo recalcitrante hasta para sus más caros aliados,
los del grupo occidental o europeo. No quiere decir esto que
no podrá seguir usando su misma táctica de presión
y amenazas, puede hacerlo desde fuera utilizando a delegaciones
apropiadas, como caso véase la intermediación de
la República Checa en su maniobra de condena permanente
contra Cuba. La otra: puede lanzar llamaradas de fuego para acabar
con la propia organización de por sí fragilizada
por una crónica deficiencia presupuestaria a la que nunca
ha llegado la vitamina financiera de la contribución regular
de Estados Unidos, su principal deudor, con más de un
billón 700 mil dólares.
Fuera del pesimismo que posiblemente será la cruda
de la fiesta de los que hoy celebran porque tendrán que
aprender a vivir sin los Estados Unidos, la exclusión
de la potencia mundial del foro humanitario por excelencia que
es la Comisión de Derechos Humanos, de la cual se ha servido
durante 55 años ininterrumpidos y por lo cual ha sido
acusado de tenerla como rehén para sus condenas selectivas
a países como Cuba, China o Irak, puede dar beneficios
directos a este foro de 53 miembros.
Una de las críticas que la propia Alta Comisionada,
Mary Robinson, ha hecho al concluir la 57ª Comisión
el pasado 27 de abril, es la votación por
bloques, como es el caso hasta ahora irremediable del occidente
o de la Unión Europea. Si bien Francia predica la tolerancia
y el diálogo, a la hora de votar lo hace al unísono
con su grupo. No teniendo la presión de Washington, podría
generarse un voto individual de acuerdo a los casos específicos,
tomando en cuenta la defensa y promoción de los derechos
y libertades fundamentales y la denuncia de las violaciones graves
y sistemáticas, y no los intereses políticos, como
prima hasta ahora.
Otro beneficio directo va hacia la funcionalidad de la Comisión.
Hasta ahora, los cabildeos, negociaciones y debates sobre los
temas o países que
interesan a Washington, agudizan y tensan los debates, multiplican
las explicaciones de votos, las declaraciones, los discursos,
la presencia de delegados exigiendo tiempo y uso de la tribuna,
no solamente de parte los gobiernos sino también de los
organismos no gubernamentales. El ánimo y el respeto a
la diferencia y al decoro podrían ser recuperados, tal
como expresó Robinson al cierre de la reciente sesión
en abril donde las críticas de los gobiernos fueron que
llegaron hasta el crudo lenguaje de la grosería y del
ataque personal.
Un tercer beneficio sería la limitación de las
ONGs, pues no son pocas las que llegan a Ginebra financiadas
por Estados Unidos o por
grupos estadounidenses, que acaparan el tiempo y que, como bien
dijera el presidente de la 57ª Comisión, Leandro
Despouy, "muchas no representan la calidad que se requiere
para su contribución al foro y, dada su multiplicación
geométrica, están alejando a las verdaderas interesadas
en los derechos humanos".
Pocos diplomáticos creen que Estados Unidos tomará
la lección en forma humilde y que tratará de ser
uno más entre los 180 gobiernos que
componen la ONU. Hasta ahora, su falta de visión de la
colectividad y su prepotencia, los volvió miopes ante
una verdad: la de que el mundo, incluso el de sus aliados occidentales,
están cansados de su arrogancia. "Estados Unidos
cree que con solo su presencia el resto de los países
debe aceptarlo e identificarlo como líder, aunque sea
líder a la fuerza" confió un sudamericano.
Estados Unidos no negocia, por principio, pero por
principio los otros gobiernos tienen qué votar a su favor.
Por ejemplo, entre el grupo latinoamericano hubo intenso cabildeo
para los dos puestos libres este año, uno estaba asegurado
para México, pero para el voto a favor de Chile tuvieron
que darse serias negociaciones con Nicaragua y Colombia que tenían
interés en pasar a ser miembros de la Comisión.
¿Aprenderá a dialogar en vez de ordenar y escuchar
en vez de ser solamente escuchado? Está por verse -afirmó
una diplomática centroamericana.
Otro beneficio que podría obtenerse de la expulsión
de Estados Unidos residiría en la composición del
foro, pues podría generar un nuevo sistema para que los
puestos sean verdaderamente rotativos entre los países
pues hay muchos que, como México, tienen una membresía
casi permanente en la Comisión; "debe buscarse otra
fórmula de alternacia" confió un embajador
latinoamericano.
En una valiente decisión -inesperada aquí en
Ginebra- los gobiernos que excluyeron a Estados Unidos pueden,
en su conjunto, tener miedo del
futuro, porque hasta ayer, su presencia era imprescindible.
Uno y todos los demás, deberán aprender a vivir
de otra manera. Si Estados Unidos es verdaderamente defensor
de los derechos humanos, deberá pasar esta prueba que
el mundo le ha impuesto, cuando menos por un año -su elección
podría presentarse el año próximo si hay
vacantes en el grupo occidental.
Pero hoy fue un día de fiesta entre el medio diplomático
y de organismos de la sociedad civil en la sede "humanitaria"
de la ONU, la del Palacio de las Naciones Unidas, que celebraron
la pérdida del puesto de Estados Unidos como "lección
de democracia".
Kyra Núñez
    
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