Exclusión de Estados Unidos:
Los retos para la Comisión de Derechos Humanos

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Exclusión de Estados Unidos:


Los retos para la Comisión de Derechos Humanos

 Ginebra, 4 de mayo.- El resultado práctico de la decisión política de los Estados miembros del Consejo Económico y Social de la ONU, de excluir de la Comisión de Derechos Humanos a Estados Unidos, por vez primera desde 1947, es,por ahora, impredecible. Las alcances de la decisión se verán en marzo de 2002, durante la 58ª sesión.  Cuando la euforia se extinga del ánimo jubilatorio con el que recibieron la noticia proveniente de Nueva York, los diplomáticos de las misiones
nacionales ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, se darán cuenta que tienen poco tiempo -un año antes de las próximas elecciones-
para un gran trabajo por delante: cómo vivir sin Washington en sus talones y beneficiar al organismo encargado, desde 1996, de vigilar el respeto a los derechos y libertades fundamentales y condenar las violaciones graves y sistemáticas.

 Independientemente de las razones por las cuales los votantes del ECOSOC le negaron la membresía a Estados Unidos, la realidad que se les avecina puede ser la de un monstruo de dos cabezas. Una: desde su puesto de Estado observador -con voz y derecho de réplica, pero sin voto- puede volverse un enemigo recalcitrante hasta para sus más caros aliados, los del grupo occidental o europeo. No quiere decir esto que no podrá seguir usando su misma táctica de presión y amenazas, puede hacerlo desde fuera utilizando a delegaciones apropiadas, como caso véase la intermediación de la República Checa en su maniobra de condena permanente contra Cuba. La otra: puede lanzar llamaradas de fuego para acabar con la propia organización de por sí fragilizada por una crónica deficiencia presupuestaria a la que nunca ha llegado la vitamina financiera de la contribución regular de Estados Unidos, su principal deudor, con más de un billón 700 mil dólares.

Fuera del pesimismo que posiblemente será la cruda de la fiesta de los que hoy celebran porque tendrán que aprender a vivir sin los Estados Unidos, la exclusión de la potencia mundial del foro humanitario por excelencia que es la Comisión de Derechos Humanos, de la cual se ha servido durante 55 años ininterrumpidos y por lo cual ha sido acusado de tenerla como rehén para sus condenas selectivas a países como Cuba, China o Irak, puede dar beneficios directos a este foro de 53 miembros.

Una de las críticas que la propia Alta Comisionada, Mary Robinson, ha hecho al concluir la 57ª Comisión el pasado 27 de abril, es la votación por
bloques, como es el caso hasta ahora irremediable del occidente o de la Unión Europea. Si bien Francia predica la tolerancia y el diálogo, a la hora de votar lo hace al unísono con su grupo. No teniendo la presión de Washington, podría generarse un voto individual de acuerdo a los casos específicos, tomando en cuenta la defensa y promoción de los derechos y libertades fundamentales y la denuncia de las violaciones graves y sistemáticas, y no los intereses políticos, como prima hasta ahora.

Otro beneficio directo va hacia la funcionalidad de la Comisión. Hasta ahora, los cabildeos, negociaciones y debates sobre los temas o países que
interesan a Washington, agudizan y tensan los debates, multiplican las explicaciones de votos, las declaraciones, los discursos, la presencia de delegados exigiendo tiempo y uso de la tribuna, no solamente de parte los gobiernos sino también de los organismos no gubernamentales. El ánimo y el respeto a la diferencia y al decoro podrían ser recuperados, tal como expresó Robinson al cierre de la reciente sesión en abril donde las críticas de los gobiernos fueron que llegaron hasta el crudo lenguaje de la grosería y del ataque personal.

Un tercer beneficio sería la limitación de las ONGs, pues no son pocas las que llegan a Ginebra financiadas por Estados Unidos o por
grupos estadounidenses, que acaparan el tiempo y que, como bien dijera el presidente de la 57ª Comisión, Leandro Despouy, "muchas no representan la calidad que se requiere para su contribución al foro y, dada su multiplicación geométrica, están alejando a las verdaderas interesadas en los derechos humanos".

Pocos diplomáticos creen que Estados Unidos tomará la lección en forma humilde y que tratará de ser uno más entre los 180 gobiernos que
componen la ONU. Hasta ahora, su falta de visión de la colectividad y su prepotencia, los volvió miopes ante una verdad: la de que el mundo, incluso el de sus aliados occidentales, están cansados de su arrogancia. "Estados Unidos cree que con solo su presencia el resto de los países debe aceptarlo e identificarlo como líder, aunque sea líder a la fuerza" confió un sudamericano. Estados Unidos no negocia, por principio, pero por
principio los otros gobiernos tienen qué votar a su favor. Por ejemplo, entre el grupo latinoamericano hubo intenso cabildeo para los dos puestos libres este año, uno estaba asegurado para México, pero para el voto a favor de Chile tuvieron que darse serias negociaciones con Nicaragua y Colombia que tenían interés en pasar a ser miembros de la Comisión. ¿Aprenderá a dialogar en vez de ordenar y escuchar en vez de ser solamente escuchado? Está por verse -afirmó una diplomática centroamericana.

Otro beneficio que podría obtenerse de la expulsión de Estados Unidos residiría en la composición del foro, pues podría generar un nuevo sistema para que los puestos sean verdaderamente rotativos entre los países pues hay muchos que, como México, tienen una membresía casi permanente en la Comisión; "debe buscarse otra fórmula de alternacia" confió un embajador latinoamericano.

En una valiente decisión -inesperada aquí en Ginebra- los gobiernos que excluyeron a Estados Unidos pueden, en su conjunto, tener miedo del
futuro, porque hasta ayer, su presencia era imprescindible.

Uno y todos los demás, deberán aprender a vivir de otra manera. Si Estados Unidos es verdaderamente defensor de los derechos humanos, deberá pasar esta prueba que el mundo le ha impuesto, cuando menos por un año -su elección podría presentarse el año próximo si hay vacantes en el grupo occidental.

Pero hoy fue un día de fiesta entre el medio diplomático y de organismos de la sociedad civil en la sede "humanitaria" de la ONU, la del Palacio de las Naciones Unidas, que celebraron la pérdida del puesto de Estados Unidos como "lección de democracia".

Kyra Núñez