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Cultura cinematográfica

FRIDA CONTRA HAYAK

Kyra Núñez

ES UNA HISTORIA DE IMPOSTURAS. Frida es Frida. Salma Hayak es una artista del celuloide. Salma nunca será Frida. Desagradable ver los carteles publicitarios que con grandes letras anuncian "FRIDA" y en vez de una de las docenas de caras apasionadas, adoloridas, atormentadas o entusiasmadas de la figura histórica del México nuevo producto revolucionario, ponen la cara del símbolo sexual veracruzano.
Al extremo la publicidad que como presentó Le Matin recientemente, las dos revistas de los supermercados Coop y Migros lanzaron en sus coberturas mensuales la foto de Salma para revelar los pormenores del film que la veracruzana produjo con el afán de satisfacer su anhelado deseo de personificar a la famosa pintora mexicana.
Pero una cosa es llevar al celuloide la representación de la polémica vida de Frida y otra cosa es hacerse pasar por la pintora. Frida no es Salma, la voluptuosa, curvilínea, bella Salma, sino Frida, la "feucha" colombina como la conocieron sus cuates y la conoció y amó Diego Rivera, la que nació el 6 de julio 1907, pero prefirió la fecha del 10 de julio del 1910, cuando dio comienzo la revolución mexicana. Su muerte, 47 años después, representa la liberación de su alma de un cuerpo al que no quiere regresar jamás.
La versión de que con su film, Salma se pone cara a Frida y viceversa es lo más aberrante de la publicidad suiza alrededor de la película actualmente en cartelera. Una, por ejemplo, dice sobre la película: "dos mujeres, una actriz del siglo 21, la otra, pintora nacida a principios del siglo pasado, cuyas historias se cruzan y se encuentran en la reivindicación de sus raíces mexicanas". Lo que reivindica la Hayek es la impostura.
Presenciando "Frida" durante su estreno en Nueva York, entre una muchedumbre hispánica de toda suerte -estudiantes, artistas, bohemios, intelectuales, fanáticos de la artista, admiradores por legiones -cierto, de una o de la otra- y gente común y corriente- el silencio fue total. No cayó bien el inglés al grave acento de latinos -Salma y Antonio Banderas- ni tampoco, para los conocedores, la historia desvirtuada para lograr un film políticamente correcto sobre la vida de quien fue, en vida, exactamente lo contrario, explotando además el lado sexual de la pintora que siempre tuvo, como se dice, "los pantalones bien puestos".
Efectivamente, en aras de complacer a la burguesía americana, Julie Taymor, productora, y Edward Norton -compañero de la veracruzana- arremeten con una historia inverosímil a colores digitales. Por qué alabar tanto "las pinturas vivientes" trabajadas en el cine? La obra de Frida vive por sí sola, son para que las aprendamos de memoria, nos ayuden a pensar, nos gusten o disgusten; son de colores fijos, con cuerpos fijos, no para que les den en la cinematografía, vida propia.
Salmita lo dijo: no quería hacer solamente una película sobre Frida Kahlo, lo que realmente quería era hacerle justicia. Ah, mala la hora en que no lo hizo pues desde su comienzo desagrada, como la escena de la jovencita metida en el clóset con su mejor amigo en una escena de sexo a escondidas de la familia.
Salma no ha venido, afortunadamente, a inmortalizar a Frida Kahlo como lo pretende una de sus más recientes biógrafas. Lo que preocupa es que en Suiza, como en el resto del mundo, la película de Salma vendrá a distorcionar los hechos pues el despistado o neófito en la materia verá en Salma lo que no fue Frida y así la historia de la impostura vendrá a legitimarse. No lo permitamos.
Y para evitar adjetivos de "Malinchista" les recuerdo que no es la primera vez que la vida de Frida es puesta en cine. Antes, la película con Ofelia Medina, tiene mérito en la cinematografía mexicana. Habrá que reponerla en cartelera.