| A LA CAMA CON LOS DICTADORES Juan Gasparini |
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| FELIPE PÉREZ ROQUE EN LA 59ª COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS Yolanda de Rojal |
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| ENTREVISTA AL DR. SERGIO PÁEZ, PRESIDENTE DEL CONSEJO DE LA UNIÓN INTERPARLAMENTARIA Yolada Rojal |
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| Especial desde Ginebra, Juan Gasparini, autor de “Mujeres de dictadores”, publicado por Ediciones Península (Barcelona), distribuido en América Latina por el Grupo Editorial “Norma”. DICTADORAS |
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| ¿APARECIO UN LULA EN NACIONES UNIDAS? - El brasilero Sergio Vieira de Mello quiere revolucionar los derechos humanos desde la ONU - Juan Gasparini | ||||
Especial desde Ginebra, Juan Gasparini.
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Propulsado por la ola de esperanza engendrada con la llegada este año del nuevo presidente brasilero, su compatriota Sergio Vieira de Mello, designado en septiembre pasado como Alto Comisario de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, parece aupado por el fenómeno. Su Secretario General, Kofi Annan, le ha fijado como misión frenar la erosión y promover las libertades públicas y derechos individuales en el mundo, lo cual se trasluce en cuatro prioridades: proteger a las poblaciones civiles en situaciones de conflicto armado, fortalecer el Estado de derecho en los 192 miembros de la ONU y traducir en las legislaciones de cada uno de ellos las normas internacionales en materia de derechos humanos, y que estos no sean avasallados por la lucha contra el terrorismo. |
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Los dos hombres se parecen, aunque los separen diez años de edad y los colores de piel no sean exactamente iguales. Ambos provienen de países en vías de desarrollo y han hecho carrera en la ONU por los mismos andariveles, socorriendo refugiados a partir del ACNUR y asistiendo regiones maltrechas por cataclismos naturales o litigios de violencia, como enviados especiales de Naciones Unidas. Cuando el ghaneano Kofi Annan lo nombró nadie se extrañó pues Sergio Vieira de Mello venía de coronar dos misiones extremadamente difíciles: administrar el Kosovo después de los bombardeos de la OTAN, sujetando las veleidades independentistas y el revanchismo de los albaneses con la «autonomía sustancial» que le fijara el Consejo de Seguridad de la ONU, atajando paralelamente la depuración étnica emprendida por los serbios, una tarea que tuvo su culminación en otro teatro no menos espinoso, hacer de la ex-colonia portuguesa de Timor Oriental, ocupada por Indonesia, un nuevo Estado después de cinco lustros de oscurantismo y espanto. «Me siento auspiciado por el arribo de Lula a la presidencia de mi país, y fue un placer estar con él allí en la ceremonia el 1 de enero pasado cuando asumió, a pesar no tuvimos mucho tiempo para charlar de lo que a mi me habría gustado, del gran desafío de restaurar los derechos económicos, sociales y culturales en Brasil, de su plan para erradicar la pobreza y el hambre, ya que Lula quería hablar como organizar con Kofi Annan la mediación en Venezuela con el grupo de países amigos y entonces ayudé en los contactos previos y al final todo se encarriló». Sergio de Mello cumplirá 55 años el 15 de marzo próximo y es un entrevistado sagaz que, en la confidencia de algún entretelón desconocido, siembra la confianza, mientras el sol se acuesta en Ginebra, hacia los confines del lago Léman. Borges decía que ese lago era como un mar y su apreciación no estaba equivocada. En el remoto horizonte, la línea gris se percibe escarpada por la imagen que trasmite el oleaje bravío de un invierno implacable, ventoso y sin nieve. El Alto Comisario ocupa un despacho con vista al lago en el segundo piso del Palacio Wilson, en honor del fenecido presidente estadounidense, el protestante y amigo de Ginebra Woodrow Wilson, paladín de los derechos humanos; una construcción centenaria donde funcionara la Sociedad de las Naciones, la proto-ONU entre las dos guerras mundiales del siglo pasado. La habitación tiene tres zonas claramente diferenciadas. El rincón de los recuerdos agrupa regalos, fotos, artesanías y obras de arte de los lugares donde este políglota nacido en Brasil, formado universitariamente en Francia, cuando su familia se pusiera al abrigo de la dictadura, ha dejado rastros de sus buenos oficios. No ha cesado de viajar por los puntos calientes del globo desde que entrara en el ACNUR en 1969: Bangladesh, Sudan, Chipre, Mozambique, Perú, Camboya, el Líbano y los Grandes Lagos del África, en el nudo del genocidio ruandes. En otro vértice del triangulo, Sergio Vieira de Mello ha dispuesto unos sillones para la conversación, haciendo cruz con su escritorio donde se divisan, en una especie de estudiado desorden, los documentos confidenciales trasegados en la jornada. Por una puerta principal entran y salen los invitados, pero por dos otras laterales este funcionario eléctrico que jamás deja de trabajar se comunica con sus dos secretarias, una con pinta de británica y otra de rasgos asiáticos, y con su equipo de asesores a los que da ordenes en francés o en ingles y recibe recados a cada rato, durante una entrevista tumultuosa en castellano por la cantidad de asuntos abordados, como el cúmulo de problemas que transitan por su agenda cotidiana. ¿Que proponen para Venezuela?. «Hay que encontrar una forma constitucional para resolver la crisis, sin apartarse de la legalidad. Deben desecharse las soluciones extra-constitucionales y volver a la razón. Si la oposición cree que tiene el apoyo de la mayoría de la población el referéndum lo dirá y la Constitución de Venezuela prevé esa posibilidad. Ni Lula ni Kofi Annan buscan sustituir la mediación de Cesar Gaviria, de la OEA, sino de reforzarla, incluyendo la participación del ex-presidente James Carter, para que todos se comprometan con un mecanismo democrático de pacificación y las dos partes cesen los excesos de las últimas semanas». Sergio Vieira de Mello cruza la frontera y entra en Colombia. Acaba de aprobar el informe de sus delegados en el terreno, un mamotreto supersecreto que presentará a partir del próximo 17 de marzo, en las seis semanas de deliberaciones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, un debate que se anuncia apasionado y que deberá moderar su controvertida presidenta, la libia Najat Hajjaji, cuñada de Gadafi, elegida recientemente por una gran diferencia de sufragios entre los 53 gobiernos que van rotando anualmente por esa Comisión, no obstante la oposición de Estados Unidos. El Alto Comisario se relaja fugazmente. Su camisa celeste y corbata al tono no exhiben arrugas. Se ha quitado el saco de un traje gris acero. Estira las piernas y deja ver sus lustrados mocasines negros, un calco de los típicos argentinos. Mira a los ojos y cita a Gramsci: «al pesimismo de la razón hay que oponerle el optimismo de la voluntad». Y modula: «no voy a caer en la trampa del cinismo y pensar que no hay solución porque la guerra en Colombia dura 40 años. ¡Tonterías!. Tiene solución y la tendrá y el presidente Uribe ha extendido la autorización de la oficina que tenemos en Bogotá, la más importante de todas bajo mi mando. Nuestro objetivo es apuntalar al Secretario General lanzando propuestas que hagan a una cultura y una dinámica de paz por más que no haya indicios de un acuerdo y el panorama sea desesperante. Tenemos que estar ahí y ni bien se presente la oportunidad formular una iniciativa». Su cara afilada se tensa al evocar la herencia de impunidad de las dictaduras que asolaran América Latina, un azote que sufrió en carne propia. Está informado que la Corte Suprema de Argentina tiene sobre la mesa dictaminar sobre las leyes de punto final y obediencia debida. «A Brasil, Chile, Uruguay y Argentina les digo que hay crímenes que en derecho internacional son imprescriptibles y no pueden ser prescriptos ni perdonados por leyes de amnistía adoptadas democráticamente. En la esfera nacional los países pueden hacer lo que quieran pero deben saber que el derecho internacional prevalece sobre el nacional; la legislación de un país es solo valida dentro de ellos, no es reconocida en el plano mundial si trasgrede los principios vigentes en la ONU. No hay que sorprenderse entonces si países, que se yo, como Bélgica que reconocen la universalidad de esos principios emitan pedidos de captura contra los autores de genocidios o crímenes de guerra perpetrados no importa donde, como han hecho con Ariel Sharon por las masacres de Sabra y Chatila. La postura de Naciones Unidas es incólume, como con la pena de muerte; somos contrarios. Ese es nuestro mensaje». Sin embargo, tratándose de mensajes, el de mayor voltaje estos días en el continente se refiere al escándalo que pivotea en la improvisada penitenciaría de Guantanamo, la base militar norteamericana en la isla de Cuba, donde 620 talibanes prisioneros de la guerra en Afganistan, se hayan hacinados en un limbo legal que escapa a las salvaguardas de los derechos humanos instauradas por las Naciones Unidas. Sergio Vieira de Mello asume que la cuestión es delicada. Ha previsto una visita a Washington que debería llevarse a cabo en marzo de este año, donde tiene programado reiterarle al gobierno de George Bush lo que le anticipara hace un mes donde habla ahora con «Sudnordnews» a Lorne Craner, subsecretario de asuntos humanitarios del Departamento de Estado. Abre una pausa y encaja los dedos de sus manos en gesto de plegaria. La técnica diplomatica lo lleva a ensayar una aproximación por círculos concéntricos, un análisis centrípeto, envolvente, que no deja escapatoria. «Tengo simpatía para con el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos y me causa nauseas lo acontecido el 11 de septiembre y les reconozco el derecho y el deber de protegerse». Toma aire y recupera el hilo. «Deben protegerse porque una de las criticas fue que no supieron prever los atentados, entonces no los critiquemos porque tratan hoy de prevenir nuevos ataques». Se levanta, enciende la luz de un velador para mitigar la oscuridad que se ha apoderado de la estancia y su discurso prosigue didáctico. «Pero un país como Estados Unidos, que es una democracia, no puede tener una política en que el fin justifica todos los medios. A pesar del trauma del 11 de septiembre el fin no justifica todos los medios, porque sino la democracia se debilita. Entiendo la lógica de autoprotección pero es peligroso, como ha dicho uno de los jefes de la CIA, que después del 11 de septiembre se han sacado los guantes. Eso significaría que dejan de lado compromisos internacionales, normas y valores a los que Estados Unidos contribuye más que cualquier otro país». Sergio de Mello interrumpe su alocución y señala el techo. «Ni que se hubieran olvidado lo que pregonaba el que figura ahí arriba», en alusión al nombre del extinto presidente Wilson, inscripto en el frontispicio del Palacio que sirve de escenografía a la entrevista. «Quisiera que el gobierno de Estados Unidos, poco a poco se de cuenta de que no solamente van contra sus propios principios de libertad, lo más importante de la Constitución, sino que están dando un mal ejemplo al resto del mundo porque los otros los imitan y dicen si Estados Unidos lo está haciendo yo también lo puedo hacer, ¿no?, este es un poco el mensaje que voy a tratar de pasar de la manera más constructiva posible dentro de unos días cuando me reciban». El mensaje ira acompañado por una propuesta concreta de normalización de los prisioneros de Guantanamo ya adelantada, cuyo contenido el Alto Comisario prefiere no ventilar públicamente. «Porque mi estilo no es el de un tribunal, abrir la ventana y empezar a gritar condenas y acusaciones, aunque de tanto en tanto deberé hacerlo. Mi método es conseguir resultados, persuadir. La universalidad de los conceptos de justicia e igualdad de la persona humana están en los tratados de la ONU pero esos papeles no sirven si se quedan archivados en nuestro cuartel general de Nueva York y no se transforman en obligaciones para los Estados. Las afirmaciones teóricas y abstractas de la ratificación de un instrumento internacional no me interesan. Es mi propósito que los gobiernos incorporen el derecho internacional a sus leyes internas y que las implementen en políticas, y llegado el caso, si hay falencias, que reconozcan que deben corregirlas», abrevia el Alto Comisionado. La reflexión le calza también al régimen de Cuba. Pocas horas antes de la cita con este cronista Sergio de Mello a ungido a la magistrada francesa, Christine Chanet, como su representante personal en La Habana. La maniobra es ultrasensible y probablemente determinará el famoso voto sobre Cuba que cada año resuelve la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, una puja que nuevamente hará eclosión en Ginebra dentro de unas semanas. Consejera en derecho criminal en la Corte de Casación de Francia, Christine Chanet es a su vez experta de la ONU para derechos humanos. En Cuba, si la dejan entrar, va a intentar convencer a que el gobierno de Fidel Castro suscriba los dos Pactos en los que se asienta el sistema de Naciones Unidas, el relativo a los derechos civiles y políticos y el concerniente a los derechos económicos, sociales y culturales, y va a apelar para que se respeten los derechos humanos en general a partir de las carencias que se denuncian en cuanto, entre otros, a los derechos de opinión, información, libertad de circulación, sin olvidar las quejas por los presos políticos. El interrogante es si Cuba la va a acoger, ya que en repudio a las resoluciones condenatorias de Ginebra, Fidel Castro ha prohibido colaborar con la maquinaria de derechos humanos de la ONU y Sergio de Mello es uno de los engranajes. «No le pido a nadie algo diferente a lo que le reclamo a los demás. Espero que el gobierno cubano coopere con ella y conmigo porque Christine Chanet no va a investigar, va a dialogar con el gobierno; no hay nada de agresivo en esta petición, que es constructiva. Estamos hablando de mejorar derechos individuales de la persona humana. Si le planteo a mi país, Brasil, que hay derechos que no se respetan, que aun hay casos de tortura y malos tratos, perdura el hambre y la humillación, falta educación y atención médica, ¿por qué no le voy a decir a Cuba lo que le corresponda?. México y Argentina dejan entrar a los relatores y grupos de trabajo de la ONU. No veo motivos para que Cuba no se sume. Hace falta coraje para reconocer que no todo es perfecto. En ese sentido le he manifestado al gobierno de España nuestro deseo de ayudarlos a que no cometan errores en la lucha antiterrorista, y el Comité contra la Tortura de la ONU les viene de advertir la inquietud por la cantidad de denuncias de tortura con los detenidos acusados de pertenecer a grupos terroristas y en reacción ellos me han invitado a examinar la problemática y la vamos a abordar con franqueza...», y deja la conclusión en el aire. La respuesta cubana no debería tardar. Fuera como fuere, Christine Chanet someterá un informe sobre la situación en Cuba, haya entrado o no a la isla, y lo que ella diga dará el puntapié inicial de las deliberaciones anuales previstas para las proximas semanas en Ginebra. En definitiva, el credo de Sergio Vieira de Mello es la democracia a secas. Es conciente que ciertos sondeos de opinión consignan que el paso de las dictaduras a las democracias no aportan el bienestar económico suficiente a la población latinoamericana, afectando su credibilidad, amenazando la estabilidad. «No creo que si le plantearan a nuestro pueblos la elección entre el retroceso a las dictaduras y la superación de las dificultades manteniendo las democracias opten por la primera. Y tampoco creo que se les deba dar la oportunidad porque, a veces, la mayoría no tiene razón. Como estimaba Churchil, de todos los sistemas, la democracia es el menos peor». El Alto Comisario se revuelve en la butaca y sabe que no puede zafar de saltar al Medio Oriente, por más que la entrevista fue pedida para pasar revista a los temas de América Latina. «De Irak prefiero no hablar dado que es resorte del Consejo de Seguridad y porque estamos todos cansados con el monopolio que ejerce en las relaciones internacionales; ustedes los periodistas, como les ha dicho Kofi Annan, tienen una gran responsabilidad en hacer el juego a ese monopolio. Lo que sí me preocupa desde que sirviera en el Libano en los años 80 es el conflicto israelo-palestino, uno de los grandes focos de inestabilidad internacional. Hay una radicalización de las posiciones. La violencia se ha transformado en odio. Eso aleja la solución. Si el primer ministro de Israel continua golpeando a los palestinos utilizando fuerza excesiva como las incursiones previas a las elecciones que lo reconfirmaron en su puesto, y se los he dicho verbalmente y por escrito, y los palestinos prosiguen con las bombas humanas, que son un crimen contra la humanidad porque matan indiscriminadamente, la situación de los derechos humanos en los territorios ocupados continuará empeorando y no se aplacará la inseguridad en la que viven los israelíes. Con esas estrategias ninguna de las dos partes conseguirá que el adversario modifique su posición, al contrario. La única solución es salir de ese engranaje de penalizar colectivamente a los israelíes y palestinos que acrecienta la violencia, y escuchar lo que propone la ONU, en consonancia con los Estados, Unidos, Rusia y la Unión Europea, el llamado «cuarteto»: crear un Estado Palestino y garantizarle fronteras seguras a Israel para que se establezca la paz. No hay otra salida». Juan Gasparini. |
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