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Especial desde Ginebra

La cumbre de Cancún sobre el comercio internacional

LA OMC AL BORDE DE LA CRISIS DE NERVIOS

En la sede central de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Ginebra sus 146 Estados miembros culminan las negociaciones que determinaran si la reunión ministerial de Cancún en septiembre venidero será un éxito o un fiasco. Dos diplomáticos latinoamericanos juegan papeles claves en las discusiones de estas última semanas, el uruguayo Carlos Pérez del Castillo y el mexicano Eduardo Pérez Motta. Detrás de complejos entramados técnicos la comunidad de naciones debe decidir en Cancún si prosigue la liberalización del comercio a partir de sortear dos problemas acuciantes: el acceso a los medicamentos para los países pobres que no pueden producirlos y que los necesitan urgentemente para afronar males devastadores, y una desregularización de los mercados agrícolas a escala planetaria que posibilite al mundo en desarrollo exportar más facilmente su productos y crecer para salir de la miseria.

El uruguayo Carlos Pérez del Castillo preside el Consejo General de la OMC, un cargo que se renueva todos los años, cuya función es conducir los debates y en estos momentos cruciales debe fijar el nivel de acuerdos y desacuerdos para avanzar hacia mayores grados de consenso y así tal vez salvar Cancún de un desastre. Las fechas claves son dos. La primera este 18 de julio, donde presentará un primer documento a todos los integrantes de la OMC, resumiendo la situación y esbozando perspectivas, de modo que se aborden ordenadamente las deliberaciones finales, de cara a un segundo documento el próximo 24 de agosto, que deberá ser el fruto definitivo de lo que ofrecerán los delegados a sus ministros, para que se sienten a resolver en Cancún del 10 al 14 de septiembre de 2003.

Salud pública y propiedad intelectual

Pérez del Castillo anticipó a este cronista las líneas generales de lo que contendrá su documento del 18 de julio, según un diagnóstico “complicado pero no desesperante, en el que voy a mantener los niveles de ambición de las metas fijadas por la OMC”. En cuanto a medicamentos adelantó que las empresas farmacéuticas y los gobiernos que sostienen sus revindicaciones, han desechado la idea que defendieran inicialmente de establecer una lista de enfermedades que se curarían con remedios genéricos (copias de medicinas patentadas a bajo precio) y que algunos países con cierto nivel de desarrollo renunciarían a procurarselos por esa vía con tal que su fabricación menos honerosa solo beneficie a países extremadamente pobres. “Es un caso emblemático, más por razones simbólicas que comerciales y es una bandera para causas humanitarias; los representantes de la industria farmacéutica, con los que hemos hablado, nos han dicho que desean una solución rápida”, afirma Pérez del Castillo. “Aceptan dejar abierto el espectro de enfermedades y no limitarlas al SIDA, la malaria y la tuberculosis, pero persisten dificultades sobre que países podrían gozar de licencias obligatorias de importación de genéricos si hubiera necesidad o epidemias”, detalla. Esos remedios, producidos a menor costo por países en desarrollo con alguna capacidad industrial -porque las patentes han vencido o porque lo toleran sus titulares, todos estos asentados en países ricos- no podrían ser importados por países que pudieran pagarlos a un precio mayor. Sin embargo, ¿como hacer para definir quienes podrían usufructuar y cuales no?. Parece ser posible un pacto que fije el alcance de la medida “para los países africanos y para los de muy bajo desarrollo, dejando fuera a México, India, Singapur y Corea, por ejemplo, que se exonerarían voluntariamente porque sus niveles de desarrollo no justifican ese benefició”, aventura Pérez Castillo. De alcanzarse ese objetivo, entraría en juego el embajador mexicano Eduardo Pérez Motta, el cual presidiera la estructura de la OMC que, en diciembre pasado, fracasara en obtener un consenso sobre esta problemática por la exclusiva oposición de los Estados Unidos. Al texto del acuerdo frustrado, Pérez Motta le añadiría ahora una declaración personal reflejando la grata noticia que el gobierno de George Bush abandona su hostilidad, sometiendo al cónclave de Cancún los términos del milagro. Como si quisiera ver para creer el delegado mexicano continua de piedra: “ese tema se soluciona en la Casa Blanca”.

La llave de la agricultura

En la cumbre de la OMC en Doha, capital de Qatar, celebrada en noviembre de 2001 -encuentro precedente de los ministros de comercio que repetirán pronto en Cancún- quedó escrito que la fecha tope del 31 de diciembre de 2004 debía alumbrar un progreso sustancial en materia de disciplina de apoyos internos y eliminación de subsidios, que hacen artificialmente competitivos los productos agrícolas de los países ricos, impidiendo que los de los países pobres entren a buen precio en todos los mercados. De boca para afuera todos los que participan en la OMC sostienen que esas barreras deben eliminarse progresivamente y que es propósito común la liberalización del comercio, aunque a la hora de demostrarlo, los gobiernos que deben hacerlo, especialmente los de los países ricos, no ofrecen una supresión concreta de subvenciones. La hora señalada es Cancún, una escala a medio camino entre Doha, cuando se lanzó esta ronda liberalizadora, y el 31 de diciembre de 2004, en la que si no hay resultados tangibles será la prueba del naufragio. Pérez del Castillo es claro al respecto y, al margen de un acuerdo en medicamentos, “si no hay un avance importante en agricultura, Cancún se cae”. En esa línea, para él “todo depende de lo que haga la Unión Europea, y dudo mucho que haya una traducción en una propuesta a la OMC de la nueva política agraria común que acaban de anunciar hace unos días”. Y subraya: “no ha habido negociación en agricultura, hay propuestas sobre la mesa, planteos, y es por la falta de voluntad de la Unión Europea”. Pérez Motta lo secunda: “la suerte de la negociación sobre agricultura se juega en Bruselas”, en referencia a la ciudad belga donde están radicados los órganos de la Unión Europea. Esa especie de escepticismo y, a la vez apuro para salvar la ronda en curso, lo expresó también en Ginebra esta semana el ministro brasilero de exteriores, Celso Amorin, quien tras visitar al Director General de la OMC, Supachai Panitchpakdi, expresó a la salida: “hace un mes las negociaciones estaban bloqueadas, ahora tenemos algunas incógnitas”, en referencia al anuncio de una nueva política agraria por parte de la Unión Europea, que “crea posibilidades, pero no sabemos como podrán usarse esas posibilidades”.

Los costos del reto

Medicamentos y agricultura son dos de los seis puntos centrales de Cancún, no obstante los más visibles de una agenda que se completa con aspectos que afectan también a la industria y los servicios y a la solución de diferencias entre Estados. Todos ellos buscan avanzar hacia criterios comunes sobre salvaguardas, competencia, aranceles, dumping, inversiones, transparencia, subsidios, trato especial y diferenciado, vinos y licores, reglas y otras clausulas, varios de ellos originados en cumbres precedentes como Uruguay y Singapur. Pérez del Castillo, que pulsa diariamente como respiran los diplomáticos de los 146 integrantes de la OMC en vísperas de Cancún, destila dosis combinadas de pesimismo y optimismo, no descartando un “fracaso total”, ni tampoco que la cita de México salga a flote, porque “parecería existir un compromiso al máximo nivel (G8, FMI y Banco Mundial, ONU) que se mantenga un multilateralismo vivo y aprovechar esta oportunidad para dar señales de recuperación de la economía mundial”.

Una frustración en Cancún “tendría consecuencias negativas, tanto para los países ricos, que perderían interés en temas comerciales multilaterales, los cuales pasarían a dar mayor atención a acuerdos bilaterales, regionales o hemisféricos, como para los países pobres que se alejarían de asumir responsabilidades de reformas”, abrevia Pérez del Castillo. Una victoria, estima, se conseguiría si se mantuviera “un apego al mandato de Doha en todos los campos por igual que contemple una dimensión del desarrollo de forma general”. ¿Que tipo de modalidades podrían imaginarse en tan pocas semanas para contribuir a acercar posiciones?. Nadie lo sabe. Por tanto, la pregunta acecha: ¿será Cancún otro Seattle?. Da la impresión que el desafío de México es de menor envergadura que el de Estados Unidos. En Seattle se intentaba lanzar una nueva ronda. Cancún es una evaluación a medio camino de una ronda, la de Doha. Un nuevo descalabro sería por tanto diferente. Así lo valora Pérez Motta, aunque admitirlo como posible a tan pocas semanas de su inicio es avisorarlo como factible, una especie de pronostico inquietante. Sea como fuere, asistiran masivamente las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que oficiaran de testigos de cargo, abogados y fiscales de las injusticias de la globalización y el neoliberalismo. Y estaran presentes los militantes altermundialistas, que criticaran las defecciones de una ronda que en sus pretensiones viene apuntando a prioritar el desarrollo, todo delante de 2500 periodistas, mil mas que en Seattle.

Juan Gasparini