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La Dirección de Ayuda para Catástrofes Naturales de Naciones Unidas, con sede en Ginebra, ha sido requerida para que destine socorro material y financiero a fin de salvar la industria artesanal del célebre sombrero "panamá". Se solicita urgentemente rescatar de los continuos deslizamientos de terreno y derrumbes desencadenados desde el terremoto de 1998, y de la devastadora intermitencia de sequías e inundaciones provocadas por el fenómeno de El Niño, a Bahía de Caráquez, en la Provincia de Manabí en las regiones costeras de Ecuador. Es en la población de Montecristi, en las cercanías de Bahía, donde en realidad tejen, forman y exportan al mundo entero estos sombreros, menos conocidos por su verdadero nombre, el de "Montecristi" o "jipijapa. A la pasada tragedia sísmica y al drama ecológico, se suman los estragos de la crisis económica de ese país sudamericano. Símbolo del buen gusto internacional, que se ha calzado en cabezas sin distinción de ideologías, talentos y bellezas, como Winston Churchill, Nikita Jruschov, el dictador cubano Fulgencio Batista; o los actores Orson Welles, Joseph Cotten y Dirk Bogarde, el apodo de "panamá" se forjó en Hollywood, que lo puso de moda con ese apelativo en los años 40 y 50, porque llamarlo como se debe, "jipijapa", resultaba difícil de pronunciar para los anglófonos. |
Son las poblaciones autóctonas de esa ignota zona ecuatoriana, que se trasmiten de generación en generación, el arte de torcer fibras, trenzando sombreros diferentes según la espesura de la trama, todas urdimbres de la hoja de la palmera Carludovica Palmata, que mejor crece en esas recónditas tierras latinoamericanas. "Blanco como las nieves de antaño", tal como lo pinta el conocido escritor cubano, Guillermo Cabrera Infante, el "panamá" ha sido fuente de inspiración para el destacado modisto italiano Giorgio Armani, lanzado previamente al estrellato de lo exquisito por el príncipe de Gales, que luego fuera el Rey Eduardo VIII.
Mito del buen vivir, siempre a la cabeza de la aristocracia y del poder, como los cigarros cubanos que suelen adornar los labios y enamorar de aroma a los grandes fumadores internacionales, los "Montecristi" son una leyenda. Los secretos de su confección corren el riesgo de perecer con la desestructuración y el hundimiento en la miseria de quienes solo en ciertas horas del día, por la luminosidad ambiente, construyen manualmente esa ligera y aireada prenda que protege del sol gracias a sus largas alas, siempre tocada con una banda oscura atada en su copa.
Como los "puros" de Vuelta Abajo, en Cuba, hijos de una magia de lluvias, soles y tierras de una composición única en la mayor de las Antillas, los "jipijapa" son el fruto exclusivo de unos pocos kilómetros cuadrados en las cercanías de la deslumbrante Bahía de Caráquez. La conjunción de la calidad de las tierras, con el exótico follaje de la naturaleza ahí circundante, acompañada por la humedad del clima y el particular decurso de las estaciones, hacen de estos "sombreros de paja" de la costa ecuatoriana, algo permanentemente inédito, una "especie en vías de extinción", si la ONU no le echa una mano y la salva del naufragio.
Juan Gasparini
Tomado de El Clarín de Buenos Aires