Seguridad alimentaria:

El "mal de las vacas locas" no
es el primero ni el único

 

La Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB), más conocida por el mal de las vacas locas, no es el único problema de seguridad alimentaria en el mundo ya que actualmente existen bacterias en los alimentos que causan más víctimas en el ser humano, según Jorgen Schlundt experto veterinari en la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si comparamos cifras constatamos que desde 1996 la enfermedad de Creutzfeld Jakob (CJ), variante humana de la EEB, ha causado 85 muertos en Europa pero hay otras enfermedades como la diarrea, causada por ingestión de alimentos o agua en mal estado, que han acabado con la vida de unos 2,2 millones de personas sólo en 1998, declaró el experto.

Schulndt, que coordina el programa de seguridad alimentaria de la OMS, afirma que la crisis actual sobre el consumo de carne en Europa no es nueva sino que se descubre ahora al aplicarse una legislación que impone un sistema de análisis más estricto de las reses y se perfila como un problema con graves consecuencias para la salud pública.

Lo que asusta respecto a la epidemia de EEB es que desconocemos la fase en la que se encuentra actualmente. Si se encuentra en la fase inicial se podrían producir en los próximos años cientos de miles de casos más y, sólo en el Reino Unido, miles de personas podrían morir, pero si nos encontramos al final de la espiral la epidemia podría terminar pronto, explicó Schlundt.

Sabemos sólo que hay una epidemia de EEB y tratamos de erradicarla del ganado europeo y ante la incertidumbre, sobre el estado actual en que se encuentra la epidemia, es necesario tomar medidas preventivas para evitar que se disparen en el futuro el numero de casos de enfermedad de Creutzfeld Jakob, reconoció el experto.

En general la gente cree que hay una crisis alimentaria cuando se encuentra dioxina en los alimentos o se descubre el mal de las vacas locas pero en realidad cada año miles de personas mueren, solamente en Europa, por enfermedades que se contagian fácilmente por los alimentos más comunes y otras se quedan con secuelas para siempre, precisó Schlundt.

Se calcula que en Estados Unidos 70 millones de personas se enferman anualmente por intoxicaciones alimentarias, y en Europa podrían ser 100 millones. En los países de la Unión Europea (UE) hay cada año 3500 casos de listeria y la tercera parte de los enfermos fallece inevitablemente, comentó Schlundt.

El experto añadió que durante las últimas décadas se han registrado numerosos casos de listeria, principalmente entre niños y ancianos, debido al consumo de alimentos preparados y conservados durante un largo periodo de tiempo en el frigorífico. Los síntomas más frecuentes son los ataques cerebrales, en adultos y en recién nacidos, y los abortos.

La salmonela -que se encuentra en los huevos, pollo, carne, leche cruda y chocolate- representa también un grave problema de salud pública en muchos países industrializados. Según Schlundt, la tercera parte de los pollos crudos que actualmente se encuentran en el mercado tienen esta bacteria que desaparece en el momento de la cocción.

Para evitar la fiebre, vómitos, nauseas y diarrea que produce la salmonela,la OMS recomienda que los alimentos se preparen en condiciones de higiene óptimas, se realice la cocción a la temperatura adecuada y no se conserven demasiado tiempo en la nevera. Tampoco se deben mezclar en el mismo recipiente alimentos crudos y cocidos.

Schlundt reconoció que detrás de las estadísticas hay gente que muere a causa de un pequeño error, cometido en la cocina o en la cadena de producción, y que este error existirá siempre ya que el riesgo cero no existe. Podemos intentar reducirlo al mínimo pero no erradicarlo porque la seguridad alimentaria tiene límites que por el momento son desconocidos.

Los consumidores, los productores y las autoridades nacionales o internacionales tienen que promulgar leyes y regulaciones para que las infecciones de origen alimentario se reduzcan, pero también hacen falta datos sobre todo el proceso de producción y especialmente del lugar de origen del producto, precisó el experto.

Otro problema está en que hay microorganismos que no se detectan fácilmente y por otra parte es imposible realizar análisis exhaustivos de todos los productos que se encuentran en el mercado. Debido a esto cuando aparece un problema de infección hay que retirar toda la mercancía de la cadena de distribución para evitar los contagios, señaló el experto.

La calidad final de los alimentos también depende de los nuevos criterios de rentabilidad máxima de la producción en una industria destinada al consumo de masas, lo mismo que las manipulaciones genéticas realizadas por la biotecnología que pueden alterar, de manera positiva o negativa, un producto, puntualizó Schlundt.

Poner vitamina A suplementaria en el arroz producido en los países en desarrollo puede acabar con millones de casos de ceguera y suprimir las sustancias que provocan las alergias permite que todo el mundo pueda comer sin peligro, pero estas manipulaciones tienen que ser controladas para que sus resultados no tengan efectos negativos en la salud humana, concluyó el experto.

María Teresa Benítez de Lugo