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Especial desde Ginebra, Juan Gasparini. |
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| DESDE SU CONVALESCENCIA: TONI RUTTIMANN O "TONI EL PUENTERO ", El SUIZO QUE , EN FORMA BENÉVOLA, CONSTRUYE PUENTES PARA LOS POBRES DEL MUNDO | ||||
| ENTREVISTA AL DR. SERGIO PÁEZ, PRESIDENTE DEL CONSEJO DE LA UNIÓN INTERPARLAMENTARIA Yolada Rojal |
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| FELIPE PÉREZ ROQUE EN LA 59ª COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS Yolanda de Rojal |
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| Especial desde Ginebra, Juan Gasparini. La diplomacia mexicana define sus prioridades ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU EN Ginebra - BATALLA DIPLOMÁTINA EN VISPERAS DEL VOTO SOBRE CUBA | ||||
DESDE SU CONVALESCENCIA:
TONI RUTTIMANN O "TONI EL PUENTERO ", El SUIZO QUE , EN FORMA BENÉVOLA, CONSTRUYE PUENTES PARA LOS POBRES DEL MUNDO
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Retorno a los Puentes Nonthaburi, 16 de Abril 2003 Mañana seré dado de alta en el Centro Sirindhron en Nonthaburi, Tailandia. Al cabo de un año de terapia mi cuerpo ha recuperado algo de su fuerza y buena parte de su libertad de movimiento. Lejos estoy todavía de ser normal, y seguramente normal nunca seré. Pero ya es hora de irme, de volver a unirme al mundo allá fuera, y tratar de contribuir mi parte.
Mañana me despediré de mis colegas pacientes, los paralizados, los amputados, los dañados de cerebro. Ellos continuarán aqui con sus ejercicios diarios, mientras que yo haré los míos en el camino. Muchos de ellos esperan algún día poder salir caminando de aquí, así como yo lo hago ahora. Mis terapistas sonríen orgullosas, porque su paciente antes paralizado ahora se ha vuelto un hombre que camina erguido. Me puedo llamar afortunado, aunque sin entrenamiento contínuo los músculos pronto se volverán tensos y débiles. Así como a todos las personas que me han ayudado desde la lejanía en este largo año, así les agradezco a los Tailandeses que aquí cuidaron de mí. Ellos no tenían ninguna razón de acoger este extranjero en su Centro previsto para Tailandeses sin recursos, sin embargo me trataron como uno de los suyos. Los llevaré en mi corazón, y me acordaré de lo que he visto aquí por el resto de mi vida. Todo podría ser aún peor Entre ello seguro la lección que, no importa que tan grave parece ser nuestra situación, aún podría ser peor. Como la señora que por un derrame cerebral ahora se encuentra no solamente paralizada, sino además ciega. O como aquella pareja cuyo hijo nació con parálisis cerebral, y que después de seis años decidieron tener otro bebé que en el futuro podría ayudarles con el primer niño. El segundo bebé también nació con parálisis cerebral, solo que aún más grave. Los padres son tan pobres que tiene que vivir en un solo cuarto sin ventanas y techo de lata, sus dos hijos en el calor, sin espacio para ejercicio, retorciendose sobre el suelo con ataques espásticos. "Si solamente aprendieran a sentarse y a comer por sí mismo - eso es todo lo que deseo", dice su madre quien una vez por semana los trae desde lejos hasta el Centro Sirindhorn. Con el dinero que los campesinos del valle del Río Lempa entre Honduras y El Salvador han recogido en una maratón para mi sanación, les pudimos hacer fabricar una silla especial y mesa giratoria para ejercicio en la casa. Con regalos similares desde el Ecuador y Suiza ahora las chicas terapistas pueden ayudar con aparatos tambien a otros niños. Una vez más he visto qué es lo que parece hacerlo todo soportable: es la fé y la esperanza; nuestra voluntad de continuar a pesar de todo; la humanidad de la gente alrededor nuestro. Es su compasión, su amor, su habilidad, su sonrisa y su presencia. Como faros en nuestra travesía por el océano tempestuoso de la vida. El Ecuatoriano Loco A mí tambien me ayudó el ver que el sueño de los puentes de los pobres continuaba. Walter, quien apenas un año antes había estado muy cerca de colgar la toalla para siempre, respondió a mi enfermedad con un e-mail desde México: "Quiero que sepas que ahora más que nunca no te dejaré solo con lo de los puentes." Y así construyó junto con los campesinos mexicanos 26 puentes en un sólo año. Antes de eso yo había tardado dos años solamente para conseguir los permisos del gobierno. Ya cuando estuvo por iniciar los últimos cuatro puentes cerca de Córdoba, Veracruz, escribió: "Oye Toni, los ingenieros aquí se ríen: "Este Ecuatoriano está loco. Dice que va construir este puente de 70 metros en un mes." Walter les respondió: "Bueno, ustedes me pueden llamar loco, pero en realidad voy a construir cuatro de ellos en un mes." Y así lo hizo. Incluso el gobierno del Estado de Veracruz empezó a ver el valor de estos puentes, los cuales contratando una compañía les hubiera costado más de un millón de dólares. Y de pronto aparecieron grandes y coloridos rótulos por el estado, junto con anuncios en los periódicos. La alegre cara del Sr. Gobernador Miguel Alemán con un lindo puente y la leyenda: "14 nuevos Puentes colgantes - Un gobierno que sí trabaja para tí." Será que se les occurrió que con eso desbarataron el orgullo que los campesinos sentían de haberlo hecho por sí mismos, bajo sol y lluvia, con su sudor y esfuerzo? Cuando terminó el último puente, Walter devolvió la camioneta con soldadora y herramientas al generoso dueño de una empresa constructora mexicana, quien nos las había prestado por más de un año. Luego tomó su maleta y contento retornó al Ecuador. Ahora está esperando a que yo también llegue al Ecuador, para organizar un nuevo programa en su patria en Mayo. Después de más de cuatro años en Centroamerica y México, lejos de esposa e hijo, él ahora quiere vivir y trabajar en Ecuador. Está listo para llevar adelante la construcción de puentes con sus compatriotas necesitados. Queremos invitar a las comunidades del Ecuador que sufren por un puente tomar esta oportunidad y contactarnos. Con una idea general de cuantos puentes se requieren, podemos buscar el material necesario y Walter podrá comenzar a construir. El mayor obstáculo, como siempre, serán los permisos de aduana para re-importar nuestros camiones usados desde Honduras, así como la tubería y los cables donados. Yin Sopul & Pen Sopoan En Camboya, mis dos colegas Sopul y Sopoan ya están con el puente número 23, una hazaña parecida a la de Walter en México. Quien conoce su historia, quizás podrá imaginarse cuanto significa eso para los dos. Sopul es un humilde mecánico, 40 años de edad, tenaz y pilas, mi mano derecha en Camboya. Sopoan, 39, es camionero, de pocas palabras, alto y fuerte. Tiene la paciencia y resistencia que viene de toda una vida en los caminos de Camboya. Era él quien estuvo trabajando conmigo en Aoral, provincia de Kampong Speu, región olvidada y anteriormente de los Khmer Rojos, en donde parece que agarré la infección de comida que luego desencadenó el Síndrome de Guillain-Barré. Ninguno de los dos habla otra cosa que el idioma camboyano, Khmer, ninguno llegó más allá de la primaria, ambos tienen esposa y tres hijos cada uno. Y los dos han visto su parte de sufrimiento en la vida. Cuando niños en sus pueblos de Prey Veng y Svay Rieng al sur de Camboya, a pocos kilómetros de la frontera con Vietnam, no pudieron ir a la escuela. Sus clases eran las de la sobrevivencia y de la guerra. Sus pueblos fueron bombardeados por los B-52 de los Americanos, en una guerra que trajo el infierno para la gente de Vietnam, Camboya y Laos. De alguna manera sobrevivieron el resultante reino de terror de los Khmer Rojos entre 1975 y 1979, al filo de morir de hambre. A la edad de dieciseis, Sopul fué enviado al oriente del país a pelear en Memot, Snuol y Mondulkiri, donde vivió en la selva, cargando fusíl y granadas, débil y enfermo con malaria. Finalmente, en1979, los vietnamitas decidieron invadir Camboya y ponerle fin al genocidio bajo Pol Pot. Su ejército disciplinado y hábil pasó en pocos días por encima de los soldados khmer como Sopul, encontrando milliones de Camboyanos moribundos y acabados por el hambre. Bajo la ocupación vietnamita, Sopoan, ya de dieciocho años, ingresó a las filas del nuevo ejército de gobierno de Hun Sen. Allí aprendió manejar su primer camión, como también leer y escribir. Los proximos ocho años le tocó transportar suministros al frente, en las montañas del noroeste, cerca de la frontera con Tailandia, bajo fuego y el peligro contínuo de minas sobre los caminos. Esta vez peleaba con las tropas de Hun Sen contra los restantes Khmer Rojos, quienes por su lado fueron equipados por Estados Unidos y China. En cambio Sopul ya se había cansado del dolor de la guerra, y a los 19 entró al departamento provincial de obras públicas de Battambang, que se dedicaba a reconstruir lo que había quedado de las carreteras. Allí aprendió mecánica con viejos camiones Leyland ingleses y ZIL's rusos, y en la noche iba a la escuela primaria. Una mañana de 1984 estuvo en la ruta entre Svay Sisophon y Seam Reap, avanzando muy lentamente por la cantidad de baches y la lluvia. Apretado sobre la plataforma del camioncito entre otros 20 trabajadores y campesinos alzados en el camino, Sopul estaba firmemente agarrado de un barril de 55 galones de gasolina y la pared posterior de la cabina. Cuando pegaron la mina antitanque, el camioncito estalló en una bola de fuego. Los pedazos de metal y los pedazos de cuerpos se regaron en todo el camino. Sopul volvió en sí diez metros más allá, abajo en el arrozal, herido de la espalda. Aún así se esforzó en arrastrar otros heridos desde el agua sobre el camino, donde los depositó bajo un plástico al lado del cráter. Cuatro largas horas tuvieron que esperar, con dolor, gemidos y hemorragias, hasta que al anochecer apareció un viejo tractor en la lluvia. Al final sobrevivieron cinco de veinticinco, entre ellos Sopul. Un poco más allá…
Eso son los hombres con los que tengo el privilegio de trabajar. Ningún profesional educado, sino humildes obreros, tan resistentes como para construir estos puentes en un país como Camboya; tan valientes como para entregarse en lugares tan brutales como Samlot, donde 90% de los campesinos asoma con un pedazo de madera ó plastico como pierna, donde la parte costosa del puente es la limpieza de las minas antipersonales y donde estarse por una semana es garantía de agarrar malaria. Mientras estuve trabajando en Suramérica yo sentía que allí era donde yo pertencía. Mientras ayudaba en Centroamerica sentía que allí también estaba en el lugar preciso. Seguí mi camino, llegué a Camboya y sabía que estaba bien. Luego el Centro Sirindhorn en Tailandia se volvió mi hogar, el cual igualmente dejaré mañana. Hoy sé que pertenezco a toda parte, porque mi hogar es el planeta, y mi familia es la humanidad. Yo sé que la humanidad está profundamente adolorida, así yo tambien. Pero mientras yo sienta este anhelo dentro de mi de hacer de nuestro hogar un lugar un poquito mejor, de amar nuestra familia un poquito más, no sentiré miedo. Aunque vaya ser más difícil que antes. Aunque no pueda correr. Pero puedo caminar, y puedo levantarme. |
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